Debo aprender a soportar ser más feliz de lo que me merezco.
Persuasión, Jane Austen
No
exageraba cuando escribí mi última entrada, en cuanto a lo difícil que seguía
siendo acomodar mi mente a la realidad de estar en otro país. Supongo que tenía
mucho que procesar, sobre todo después de esa llegada tan poco problemática (je).
Pero como dije, las aguas ya estaban mucho más tranquilas, y poco a poco mi
mente empezó a asimilar sin problemas la idea de que estaba en Chicago. Es
decir, hasta que el domingo por la mañana me desperté en un hotel en Miami.
«Espera,
¿qué?».
Así
es: pocos días después de llegar yo, Isra y Karisa organizaron un viaje
sorpresa para ir tres días a Florida. Para mí fue una sorpresa porque me enteré
esa misma semana, pero fue aún más divertido con los niños, que se enteraron el
mismo día del viaje. En plan: recoged vuestras cosas, que en hora y media nos
vamos al aeropuerto. La casa se llenó de exclamaciones de are you serious? y we’re
going to the beach! en cuestión de segundos, y poco después, maletas y
bolsos en mano, estábamos en camino.
Creo
que la única forma de describir este viaje es… tres días dentro de una postal. Es
decir, ¿recordáis Mary Poppins,
cuando los personajes saltan a unos cuadros dibujados en la acera y pasan la
tarde en un mundo claramente irreal? Bueno, imaginaos hacer eso, pero con una
postal, una foto de una revista o una película. Esas cosas que ves desde tu
casa y piensas: ya, sí, supongo que eso existe en alguna dimensión. Pero de
repente caí en la cuenta de que yo estaba ahí, pisando la misma arena,
bañándome en el mismo mar de color azul radioactivo y quemándome cual perfecta
guiri con el mismo sol. Pensé: «¿Esto es real? Porque si no, a mí que no me despierten».
Y, maravillosamente, no me desperté.
Han
sido tres días llenos de buenos momentos: recoger conchas y enfrentarme a las
olas con Olivia (diría que nos ganaron las olas), nadar con Iria en la piscina
tratando de alcanzar el flotador, descansar con Anniah junto al mar, ver
películas con Natán por la noche, charlar con Isra y Karisa… En el viaje de
vuelta, cuando Iria se pasó la mitad del trayecto en coche cantando if you’re happy and you know it clap your
hands, me faltaban manos para expresar mi alegría y mi gratitud. Creo que puedo decir que, al menos por ahora, la tensión
de los primeros días se ha ido. Y aunque a ratos todavía miro a mi alrededor y
tengo que repetirme eso de «que sí, pesada, que estás en Estados Unidos,
mentalízate de una vez», esta sensación ya no se debe a la inseguridad ni al
miedo, sino al entusiasmo y a lo agradecida que estoy, segundo tras segundo, de
poder vivir esta experiencia.


"Debo aprender a soportar ser más feliz de lo que me merezco" esta maravillosa frase en tu caso necesita un matiz: Te MERECES todo lo bueno que te pase por tu bondad, tu nobleza, tu generosidad, tu buen corazón...¡me alegro muchísimo que estés dentro de esa postal!!! y qué bien lo escribes, cracka! ENJOOOOOYYY! te quiero!
ResponderEliminarMe alegro tanto por ti Abi - A disfrutar
ResponderEliminar