sábado, 14 de mayo de 2016

La historia del viaje sorpresa: Tres días en una postal

Debo aprender a soportar ser más feliz de lo que me merezco.
Persuasión, Jane Austen

No exageraba cuando escribí mi última entrada, en cuanto a lo difícil que seguía siendo acomodar mi mente a la realidad de estar en otro país. Supongo que tenía mucho que procesar, sobre todo después de esa llegada tan poco problemática (je). Pero como dije, las aguas ya estaban mucho más tranquilas, y poco a poco mi mente empezó a asimilar sin problemas la idea de que estaba en Chicago. Es decir, hasta que el domingo por la mañana me desperté en un hotel en Miami.

«Espera, ¿qué?».

Así es: pocos días después de llegar yo, Isra y Karisa organizaron un viaje sorpresa para ir tres días a Florida. Para mí fue una sorpresa porque me enteré esa misma semana, pero fue aún más divertido con los niños, que se enteraron el mismo día del viaje. En plan: recoged vuestras cosas, que en hora y media nos vamos al aeropuerto. La casa se llenó de exclamaciones de are you serious? y we’re going to the beach! en cuestión de segundos, y poco después, maletas y bolsos en mano, estábamos en camino.



Creo que la única forma de describir este viaje es… tres días dentro de una postal. Es decir, ¿recordáis Mary Poppins, cuando los personajes saltan a unos cuadros dibujados en la acera y pasan la tarde en un mundo claramente irreal? Bueno, imaginaos hacer eso, pero con una postal, una foto de una revista o una película. Esas cosas que ves desde tu casa y piensas: ya, sí, supongo que eso existe en alguna dimensión. Pero de repente caí en la cuenta de que yo estaba ahí, pisando la misma arena, bañándome en el mismo mar de color azul radioactivo y quemándome cual perfecta guiri con el mismo sol. Pensé: «¿Esto es real? Porque si no, a mí que no me despierten». Y, maravillosamente, no me desperté.

Han sido tres días llenos de buenos momentos: recoger conchas y enfrentarme a las olas con Olivia (diría que nos ganaron las olas), nadar con Iria en la piscina tratando de alcanzar el flotador, descansar con Anniah junto al mar, ver películas con Natán por la noche, charlar con Isra y Karisa… En el viaje de vuelta, cuando Iria se pasó la mitad del trayecto en coche cantando if you’re happy and you know it clap your hands, me faltaban manos para expresar mi alegría y mi gratitud. Creo que puedo decir que, al menos por ahora, la tensión de los primeros días se ha ido. Y aunque a ratos todavía miro a mi alrededor y tengo que repetirme eso de «que sí, pesada, que estás en Estados Unidos, mentalízate de una vez», esta sensación ya no se debe a la inseguridad ni al miedo, sino al entusiasmo y a lo agradecida que estoy, segundo tras segundo, de poder vivir esta experiencia.


2 comentarios:

  1. "Debo aprender a soportar ser más feliz de lo que me merezco" esta maravillosa frase en tu caso necesita un matiz: Te MERECES todo lo bueno que te pase por tu bondad, tu nobleza, tu generosidad, tu buen corazón...¡me alegro muchísimo que estés dentro de esa postal!!! y qué bien lo escribes, cracka! ENJOOOOOYYY! te quiero!

    ResponderEliminar
  2. Me alegro tanto por ti Abi - A disfrutar

    ResponderEliminar