En el mundo del sinsentido es donde se crean las grandes
historias, donde [los niños] nadan a diario, porque se trata de otra dimensión
donde la imaginación todo lo hace posible.
La nueva educación: Los retos y desafíos de un maestro de
hoy, César Bona
La
mayoría de vosotros no sabéis esto sobre mí, pero creo que este blog es una
buena oportunidad para quitarme de encima este secreto: tengo la capacidad de
mover objetos con la mente. Sí, como Matilda, solo que menos adorable. Sé que
esto os chocará, y muchos os preguntaréis por qué nunca os he contado algo tan
importante, pero espero que comprendáis mi inquietud: si algo me ha enseñado X-Men es que el mundo no está preparado
para los que son como yo. Por cierto, quiero aprovechar para pediros disculpas
si alguna vez, estando conmigo, se os ha caído algo de forma abrupta o habéis
tenido algún problema de equilibrio inesperado; probablemente haya sido culpa
mía. Todavía no controlo muy bien mis habilidades, y a veces provoco accidentes
sin querer.
Poco
podía imaginarme cuando vine aquí que tengo mucho en común con Natán, Olivia e
Iria en ese sentido. Todo comenzó el otro día, cuando estábamos intentando
escapar de una fortaleza y derribar sus cuatro torres principales sin pisar
toda la hiedra venenosa que crecía alrededor de las murallas, de modo que
pudiéramos vencer a un monstruo terrible y a sus secuaces. ¿Qué? ¿Vosotros no
hacéis eso en vuestro tiempo libre? En fin, a lo que iba es esto: yo sabía que
no íbamos a poder atravesar la hiedra venenosa a menos que desvelara mi
secreto, pero no estaba segura. ¿Qué iban a decir los niños? ¿Y si Iria se
asustaba? ¿Y si no conseguía controlar mis poderes y les hacía daño? Siempre
había pensado que solo lo revelaría si me veía obligada por unas circunstancias
extremas, y aunque esto se acercaba bastante a lo que tenía en mente, todavía
le faltaba una explosión.
De
repente, cuando aún no había resuelto mi dilema, el pasillo que cruzábamos en
ese momento se llenó de guardias armados hasta los dientes. Lo que nos faltaba,
¿y ahora qué? Ya casi había decidido lanzarme a la desesperada con el poco taekwondo que recordaba de mi hermano
cuando me di cuenta de que las manos de Natán se ponían rojas. No me dio tiempo
ni a preocuparme antes de que, delante de mis ojos, una se cubriera de fuego y
otra de hielo. «Watch out!» exclamó,
antes de unirlas en un rayo fulminante que derribó al capitán de los guardias
en menos de dos segundos. El suelo tembló y yo caí al suelo, no sé si por el
temblor o por la perplejidad, y de pronto vi que Olivia se acercaba a otro de
los guardias mirándolo fijamente a los ojos. «Oh, no» pensé, e intenté
detenerla antes de que le hicieran daño. Pero entonces los ojos de Olivia
empezaron a girar como pequeñas ruedas, y el guardia se quedó parado en el
sitio. Ella le dijo sin inmutarse:
–Ahora
eres una gallina.
Y
dicho y hecho, el guardia empezó a cacarear y a mover los codos de una forma
muy cómica por todo el pasillo. Poco a poco, Olivia fue hipnotizando a los
guardias que trataban de atraparla, mientras que aquellos que intentaban no
mirarla a los ojos o escapar caían víctimas del poderoso rayo de Natán. En
menos de veinte segundos, todos estaban inconscientes o cacareando.
–¡Corred!
–gritó Natán, y a pesar de mi estupor conseguí serenarme lo suficiente para
darle la mano a Iria y cruzar el pasillo a toda velocidad. No sabíamos dónde
estaba la salida, así que nos dedicamos a abrir todas las puertas que vimos
hasta que encontramos una escalera de caracol que, supusimos, nos llevaría a la
torre que debíamos derribar. Tampoco teníamos otra opción, así que empezamos a
subir. Entonces nos encontramos con otro problema: la escalera estaba oscura
como la boca del lobo, lo cual asustaba mucho a Iria (y a mí también, seamos
honestos, aunque me callé por no empeorar las cosas).
–No
te preocupes, Iria, yo lo arreglaré –dijo Natán, y al instante su mano volvió a
cubrirse de fuego. Eso casi me asustaba más que la oscuridad, pero bueno, lo
cierto es que funcionaba a las mil maravillas como linterna.
Subimos
los escalones durante un par de minutos en silencio, escuchando atentamente
para asegurarnos de que no nos seguían. Al final yo decidí romper la atmósfera
con mi inevitable pregunta.
–Chicos,
¿hay algo que queráis contarme?
Natán
me miró con cara de no entender, y yo señalé con la barbilla su mano en llamas.
–¿Esto?
Oh, sí –dijo, sin darle mucha importancia–. Puedo disparar rays de hielo y fuego por las manos, y combinarlos para lanzar ice rocks.
–Ah…
–balbuceé yo.
–¡Y
yo puedo hypnotize a los malos! –dijo
Olivia–. Oh, y también puedo turn
invisible. Es muy bueno para distraerlos.
–Seguro
que sí –atiné a decir yo. Porque, la verdad, ¿qué otra cosa se puede responder
a eso?
–Ok, guys –dijo Natán cuando llegamos
arriba–, puedo derribar el torre, pero necesitaremos una forma de get down sin pisar el suelo. Any ideas?
Yo
me asomé a una de las ventanas y observé la hiedra venenosa que rodeaba la
fortaleza. Pensé durante unos segundos. Entonces me di la vuelta y pregunté:
–Para
derribar la torre con tus poderes, ¿tendrás que provocar una especie de
explosión?
–Sí.
–Ok,
me vale –decidí–. Escuchad, tengo una forma de quitar la hiedra de nuestro
camino, pero tendremos que bajar rápido, antes de que la explosión nos alcance.
–¡Hecho!
–exclamaron Natán y Olivia. Así pues, él empezó a prepararse y levantó las
manos cubiertas por fuego y hielo. Olivia y yo salimos por la ventana y
empezamos a descender con cuidado, yo con Iria colgada al cuello e intentando
pisar donde sobresalían las piedras de la pared. Cuando estuvimos lo bastante
cerca del suelo, reuní toda la concentración posible (lo cual fue difícil en
esas circunstancias) y, poco a poco, fui apartando la hiedra sin tocarla,
creando un sendero por donde podíamos pasar. De pronto se oyó un estruendo y,
al mirar arriba, vimos el techo de la torre volar en pedazos. Natán saltó por
la ventana y se agarró a la pared, gritando:
–¡Rápido!
¡Tenemos ten seconds antes de que se
caiga!
No
necesitó decirlo dos veces: cuando llegamos a tierra firme corrimos a toda
velocidad por el improvisado sendero mientras yo sudaba del esfuerzo que estaba
haciendo para mantener la hiedra venenosa fuera de nuestro camino. Alguna vez
había practicado el control de mis habilidades en mi habitación, con libros y
cosas así, pero hacerlo en tal situación de estrés era muy, muy diferente. Temí
que no lo consiguiéramos, pero en el último segundo, cuando la torre empezaba a
desmoronarse, llegamos al final del foso. Sin embargo, cometí un error: relajé
mi concentración unos segundos antes de lo que debía y, justo antes de llegar,
la hiedra se cerró alrededor de mi tobillo.
–¡Ay!
–grité, y tiré con fuerza, logrando sacar el pie y rodar por el suelo antes de
que la torre cayera sobre Iria y sobre mí. Durante unos segundos el ruido fue
ensordecedor, y después, súbitamente, todo se quedó en silencio.
–¿Estáis
bien? –exclamó Olivia, una vez pasado el shock.
Yo
miré mi pie, pero apenas vi nada porque todo me daba vueltas y la vista se me
había empezado a nublar. Entonces oí la voz de Natán, que sonaba como si
viniera de muy lejos.
–Iria, sing your
song to Abi!
–Come on, Iria! –dijo Olivia–. Sing!
«¿Qué?»
quise preguntar, pero creo que solo me salió una especie de «waaaaaa». De
pronto sentí la manita de Iria sobre mi tobillo y escuché su voz cantando:
–Grown-ups come
back… grown-ups come back…
Al
principio solo lo oí como una especie de eco, pero poco a poco el sonido de
aquella canción se fue aclarando, al igual que mi vista y mi cabeza. Cuando
volví en mí, los tres me miraban con rostros sonrientes. Me levanté despacio y
dije:
–Algo
se os olvidó contarme, ¿no creéis?
–¿Y
tú puedes mover las cosas sin tocarlas? –preguntó Olivia con los ojos muy
abiertos.
Sonreí
e incliné la cabeza.
–Es
cierto. Supongo que ahora estamos en paz –dije, acariciando el pelo de Iria–.
Bueno, ¿vamos a por la siguiente torre?
Y
allá fuimos, pero esa es una historia para otro día. Solo quería contaros esto
para que comprendáis por qué he estado muy ocupada y no he tenido mucho tiempo
para actualizar el blog.
Obviamente.